lunes, 10 de mayo de 2010

Parece que este blog ha muerto antes de empezar, pero lo cierto es que en nuestras atareadas vidas es difícil sacar tiempo para actualizar (ni que los Erasmus vivieran de vacaciones, oye..).
Así que ahora me toca hacerlo en solitario, ya que Clara está en etapa de estudio intenso y no se puede permitir distracciones, y María recorre las costas del sur con muy buena compañía.
Desde el lunes pasado han ocurrido pocas cosas, que resumiré a continuación:

El mayor acontecimiento (por lo menos para mí) es que he adquirido una bicicleta. Verde, preciosa y de niño pequeño, pero muy útil a efectos prácticos. Así que estos últimos días los he dedicado a recorrerme Roma en dos ruedas, descubriendo que vivo en una ciudad muy poco apta para este tipo de vehículos. (Cuando digo "recorrerme Roma" quiero decir "dar unas cuantas vueltas por los alrededores de mi barrio", tampoco voy a dármelas de Indurain). Desde que voy motorizada no ha vuelto a salir el sol, pero aunque ya sé que Dios y yo no terminamos de congeniar, esperaré paciente hasta poder pasear por Lungotevere.

El viernes llegaron personas varias:
Borja, que nos robó a María y se la llevó de viaje (no sin antes encontrarse con la muerte en forma de bote de miel asesino).
Paula, una amiga de la facultad que el año que viene se vendrá a Roma de Erasmus (cerda). No vio nada de la ciudad, salvo La Sapienza y Trastevere, sitio en el que nos hizo un book de fotos. (Esperemos que el haber cambiado el billete le haya dado suerte con Miguel Oriola.)
Borja Bustillo, ese ser con el pelo rizado con el que coincidimos en primer semestre en esta ciudad. Si se hubiese quedado todo el año, mi hígado estaría realmente en la mugre, y mi reputación bastante cuestionada. Aún así, se deja querer, y su visita nos llenó de alegría (y de whisky barato), aunque a unas más que a otras (ejem ejem).

Si mezclamos a estos personajes, sale un fin de semana de lo más curioso.
El viernes, después de tomarnos unas cervezas en el Celestino (y acordarnos mucho de Marta, que vuelve mañana), nos fuimos a la facultad de Economía, que había fiesta. Antes pasamos por un baño, de donde cogimos prestado un jabón de manos de aloe vera y lavanda que íbamos ofreciendo con mucho cariño a la gente con la que nos encontrábamos. Cuando llegamos a la puerta, confirmamos la teoría de que los seguratas se creen importantes por tener en sus manos la elección de quién entra y quién no. Pero como nosotros somos Erasmus y estamos más allá del bien y del mal, no caemos bajo su jurisdicción. También es verdad que antes de Erasmus somos unos grandes dialécticos y aún mas escurridizos. Sea como fuera, conseguimos entrar.
Una vez dentro, descubrimos que hay veces que es mejor beber sin hielos que con hielos que huelen a agua estancada, y que hasta la cerveza puede ser de garrafón. Gracias España por tu botellón y por tus copas baratas que al menos están frías y huelen a alcohol de quemar. Y en medio de una batalla campal nos volvimos a casa (en coche).

El sábado trastevereamos un poco. Lo de siempre, Trilussa, Freni, Spritz, cabrones del género de aclártehijomío, etc. Después me fui con Bus y con Alba al Akab. (Alba, para quienes no la conozcan, es una chica de Barcelona muy maja que conocimos en una visita cultural, que fue la única cosa seria que hemos hecho juntas. Las primeras semanas, nuestra relación se limitaba a encontrarnos borrachas en las puertas de los bares e intercambiar unas cuantas palabras, hasta que un día decimos que darnos lo móviles sería una buena opción. Y desde entonces hemos ido a Napoli, nos hemos hecho las intelectuales en visitas guiadas en donde prestábamos más atención a los modelos de la gente que a las explicaciones en sí, hemos compartido ettis, peronis y limoncello... Lo único que nos falta es quedar a la salida del instituto, pero eso lo dejaremos para otra ocasión)
Quedamos también con un vasco con tendencias nudistas, un alemán tifoso de la Roma y un siciliano que pasaba por ahí, y nos fuimos de botellón itinerante hasta el garito.
Agradezco al destino haber nacido mujer, lo que me permitió ahorrarme 15€ de entrada, aunque no conseguí sacar descuentos en las copas. (Menos mal que Bustillo estaba como en Ibiza y se dedicó a invitar al personal). Así que indignadas por el precio de las cosas, nos fuimos a pedir tabaco, operación que repetida unas quince veces te produce un ahorro de casi 4€. Después lo intentamos directamente con las botellas de la barra, lo que se tradujo en cristales rotos en el suelo del baño, dedo rajado y mirada sospechosa de los de seguridad.
Y con la cabeza muy alta salimos de la "discoteca", compramos un bocadillo de Dios sabe qué en el zozzone de la puerta y cogimos un taxi después de varios intentos frustrados de para un coche (otra cosa que hay que agradecer a Bus y su modo Ibiza).


Y poco más. Acabamos de comer unos filetes en dudoso estado, con lo cual esta puede ser la última actualización, aunque esperamos que nuestros estómagos sean fuertes y los soporten.
Seguiremos informando.




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