
Casi toda la semana se ha ido en ver los vídeos de la fiesta en la playa, que son tan entretenidos como comprometedores. Hemos recibido la visita de la madre de Mery, que nos invitó al cine a ver La Nostra Vita. Ese mismo día, pero más tarde, terminamos todos juntos por Trastevere, algunos más sobrios que otros. La vuelta a casa no puede caer en el olvido, así que la resumiré brevemente: en nuestras pobres cabezas maltratadas por el alcohol y el sol romano cabe la posibilidad de que las paradas de autobús desaparezcan. Así que ni cortas ni perezosas nos sentamos a esperar en una parada fantasma. Menos mal que la miopía de mery no es tan fuerte como para no distinguir a un autobús a 50 metros, así que en cuanto lo vimos aparecer pensábamos que estábamos ya salvadas (el que haya esperado un nocturno en Roma conoce esa sensación de felicidad que produce ver llegar al conductor). Ma invece no. Como era obvio, la parada no era esa, así que salimos corriendo detrás del muy cabrón, que no nos hizo ni siquiera un gesto de empatía. Corrimos con sandalias por los adoquines romanos, y si nos hubieran tomado el tiempo habríamos batido algún record. Finalmente, emprendimos la vuelta a casa, sanas y salvas (aunque un poco sudadas y con agujetas)
En estos días estamos en modo mundial (como el Any Given Mondial) y nos vamos a Villa Borghese a tifar a todos los equipos. Yo personalmente sigo a Argentina, pero tampoco me importa que Italia o España marquen algún gol. Hasta tifo por Sudáfrica si eso significa ponernos a bailar como unas locas descoordinadas en la mitad de una marea de camisetas amarillas.
Pero ayer no hubo suerte para la roja, que perdió 1-0. Como he dicho antes, la derrota no me quita el sueño, y menos el apetito de cerveza. Así que echamos mano de la Peroni , hasta que nos cansamos de estar tumbados en el césped y lo cambiamos por los escalones de la plaza.
Nuestra querida plaza de San Lorenzo, donde tantos ratos hemos pasado, y donde tanta gente hemos conocido. Lugar en el que se te acercan personajes tan extraños como diversos, y lugar también en el que puedes terminar a las 7 de la mañana tocando la guitarra con mendigos y chavales con el ojo de cristal.
“Hola guapo, soy David Bisbal”
