jueves, 17 de junio de 2010


Como siempre, actualizamos el blog a base de lapidar nuestro futuro académico. Aunque algunos miembros de Via degli Equi ya se han lisensiado (Felicidades Periodista!) el resto tenemos que seguir hincando codos si queremos hacer fiesta con birrete de papel y flores secas.

Casi toda la semana se ha ido en ver los vídeos de la fiesta en la playa, que son tan entretenidos como comprometedores. Hemos recibido la visita de la madre de Mery, que nos invitó al cine a ver La Nostra Vita. Ese mismo día, pero más tarde, terminamos todos juntos por Trastevere, algunos más sobrios que otros. La vuelta a casa no puede caer en el olvido, así que la resumiré brevemente: en nuestras pobres cabezas maltratadas por el alcohol y el sol romano cabe la posibilidad de que las paradas de autobús desaparezcan. Así que ni cortas ni perezosas nos sentamos a esperar en una parada fantasma. Menos mal que la miopía de mery no es tan fuerte como para no distinguir a un autobús a 50 metros, así que en cuanto lo vimos aparecer pensábamos que estábamos ya salvadas (el que haya esperado un nocturno en Roma conoce esa sensación de felicidad que produce ver llegar al conductor). Ma invece no. Como era obvio, la parada no era esa, así que salimos corriendo detrás del muy cabrón, que no nos hizo ni siquiera un gesto de empatía. Corrimos con sandalias por los adoquines romanos, y si nos hubieran tomado el tiempo habríamos batido algún record. Finalmente, emprendimos la vuelta a casa, sanas y salvas (aunque un poco sudadas y con agujetas)

En estos días estamos en modo mundial (como el Any Given Mondial) y nos vamos a Villa Borghese a tifar a todos los equipos. Yo personalmente sigo a Argentina, pero tampoco me importa que Italia o España marquen algún gol. Hasta tifo por Sudáfrica si eso significa ponernos a bailar como unas locas descoordinadas en la mitad de una marea de camisetas amarillas.


Pero ayer no hubo suerte para la roja, que perdió 1-0. Como he dicho antes, la derrota no me quita el sueño, y menos el apetito de cerveza. Así que echamos mano de la Peroni , hasta que nos cansamos de estar tumbados en el césped y lo cambiamos por los escalones de la plaza.

Nuestra querida plaza de San Lorenzo, donde tantos ratos hemos pasado, y donde tanta gente hemos conocido. Lugar en el que se te acercan personajes tan extraños como diversos, y lugar también en el que puedes terminar a las 7 de la mañana tocando la guitarra con mendigos y chavales con el ojo de cristal.

http://www.youtube.com/watch?v=wTm-Q43ZQek

“Hola guapo, soy David Bisbal”

Actualización atrasada...


Cualquier excusa es buena para no estudiar, así que nuestro blog saldrá adelante a costa de fracasos académicos. La última actualización fue en honor de la abuela de la casa, que cumplía 23 añazos. Y en su honor también, hicimos una pequeña reunión de amigos en la terraza.

Y como buenas anfitrionas que somos, estuvimos toda la tarde (spritz en mano, que así el trabajo es menos duro) preparando tortillas con un sospechoso color verde, canapés y sangría. Después de poner guirnaldas, luz y música (gracias a la lista de reproducción que se curró Clara), la terraza parecía un chill out con aperitivo incluído (insisto en que si cobramos la entrada, más de uno pagaría).

A partir de una cierta hora el asunto empezó a degenerar, como era de prever. La gente abría botellas como si hubieran ganado una carrera de F1, la fruta de la sangría se desangraba por los suelos, los tenedores de plástico se suicidaban de la mesa… así que decidimos emprender retirada. Y qué mejor lugar para caer muertos que el Circolo degli Artisti, rincón de los desamparados.

Así que para allá que nos fuimos, a contrareloj y con la casa medianamente recogía (o eso pensábamos). No puedo evitar mencionar la facilidad de hacer amigos mientras camina de Clara, no se sabe si por el ron (reserva, eso sí) o por la guirnalda que colgaba de sus rizos. Contra todo pronóstico, conseguimos entrar en el Circolo, y ahí la cosa empezó a degenerar (Vol.II)

Como siempre ocurre en ese lugar, la gente desaparece. Menos mal que somos todos Wind y podemos llamarnos para seguirnos la pista. Mientras unos valientes se jugaban una lipotimia bailando dentro, otros más discretos fumaban en la puerta. Y así toda la noche, en un círculo vicioso que no permitía encontrarnos. No sabemos cómo, pero nos volvimos a ver todos en la puerta de salida, incluso David (y su peto, que en un momento dado dejaron de funcionar juntos como equipo).

María, Marta, mio fratello y yo emprendimos el camino de vuelta. Y como le estamos cogiendo gustito a eso del autostop del Circolo a casa, decidimos que sería buena idea emplear la misma técnica esta vez. Pero cuando vimos aparecer una furgoneta hippie (de las de verdad), la idea pasó de ser buena a ser brillante. Intercambiamos unas palabras con Tobia el conductor y veinte segundos después estábamos todos montados en esa máquina del tiempo decorada al estilo Ikea yendo para casa. Y por todo lo alto llegamos a via degli Equi.

El resto de la semana me escapé a Pisa, Siena y Perugia, en plan familiar, así que me escaqueé de la bronca del portero (que venía en representación de las vecinas sin vida social que viven en nuestra escalera). En nuestra defensa diré que pedimos permiso para invitar a unos amigos a cenar, el dato que faltó fue que cenaríamos todos en la terraza, que técnicamente es un lugar común a pesar de que la hayamos monopolizado en estos meses.

Litigios aparte, los días pasaron tranquilos, entre estudios y aprobados (felicidades Clara por tu segundo examen). Y para celebrar tanta normalidad, el viernes nos fuimos de fiesta, que empieza la temporada de playas. Y con la excusa de que era el cumple de Javi y Fran, nos plantamos en Castel Fusano. Al principio estábamos un poco agobiados con eso de que no podíamos volver hasta las 6 de la mañana, pero con un poco de whisky y salitre, las penas se van volando.


Como se va volando lo que queda de Erasmus, más ahora que me he dado cuenta que tardo lo mismo en llegar a la playa que a Moncloa. Y al descubrir que ahora llegan las noches en las que sigues intentando robar alcohol y tabaco, pero con el mar de fondo, lo que le da un toque chic. Empiezan las noches que terminan con un baño al alba y con una rave improvisada al lado de un puesto de kebab. Las noches que se convierten en días sin que te des cuenta, y en las que aparecen los carabinieri sin saber porqué (aunque cuando ves las pintas en las fotos al día siguiente, el que nos pidan la documentación cobra sentido). El camino a casa lo haces entre escolares que van a clase para formarse y tener un futuro más prometedor que el nuestro, jóvenes erasmus alcohólicos que bebemos cerveza con los pies negros y salitre.

En definitiva, justo ahora que queda tan poco para aterrizar de cabeza en Madrid, empieza lo bueno en nuestra siempre amada Roma.


http://www.youtube.com/watch?v=5dgimjMhAIk