
Retrato #1: Marta
Marta empezó a formar parte de nuestras vidas a principios de octubre, cuando todavía estábamos descubriendo los rincones de nuestra casa. Venía llena de agobios, de pisos para ver, con esa sensación que todos los Erasmus hemos tenido: cuándo voy a encontrar un puto piso en esta ciudad?!?
Y finalmente, gracias al caprichoso azar, terminó viviendo en San Lorenzo. Se convirtió en la cuarta conquillina, cuando todavía éramos tres. Y lo más importante, en una gran amiga. Al principio estaba un poco cortada (demasiada locura en Via degli Equi nº 8), pero con el tiempo se fue soltando y dejando conocer. Sus visitas implican Peroni frías y largas conversaciones intentando cambiar el mundo (o al menos entenderlo).
Se convirtió también en una compañera de fiesta, y nos seguía a todos lados sobria, pese a nuestros insistentes deseos de emborracharla. Pero ella siempre guardaba la compostura, así que se convirtió en ese punto de apoyo que todos necesitamos a altas de la madrugada (Acuérdate de la barra libre de Varsovia).
Y aunque ella “coma para vivir y no viva para comer”, nos deleita cada tanto con tiramisús y quiches varios, que amenizan todos nuestros viajes. Gracias a ella hemos conocido expresiones que la convierten en nuestra principal fuente de saber: desde “eres más maricón que un palomo cojo (o con ligueros)”, hasta “voy a echar un pisete”. Y respuestas inolvidables:
- ¿Te importa si fumo mientras comes?
- Marta: ¿Te importo si vomito mientras fumas?
Como buena scout, tiene recursos para todo. Ya sea para dar sabios consejos o para darle uso a camisetas que para cualquier otro ser humano serían desechables (Mi amol, ya tú sabes).
Así que Roma estará de luto las próximas dos semanas, porque nuestra pequeña Marta (que en realidad es la más mayor) se nos va a los Madriles, a lucir su moreno de terraza.
Pero no nos preocupa, porque quince días pasan rápido, y porque aquí la esperaremos con limoncello casero y muchas ganas de quemar la capital italiana.
En tu honor … Arrrg marinera: