Esta vez en solitario, mientras María prepara el bolso y Clara sigue haciéndole la guerra al voyeur del edificio de enfrente, escribo la segunda entrada del día, tras escasos minutos de la primera.
Hemos quedado en 15 minutos en un sitio al que se tarda 25 en llegar. No salen los cálculos, lo sabemos, pero los horarios romanos son distintos.
Clara está llamando el ascensor, y María no encuentra sus cosas.
Al igual estamos listas.
Fdo. La loca de los ganchitos
(granchitos que por cierto que nunca me han dejado poner)
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